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viernes, 13 de marzo de 2009

Zapater, el horizonte cotidiano

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..(Este artículo lo escribí y fue publicado en Diario EQUIPO el pasado 26 de Febrero)


Nino Arrúa era bajo, moreno y audaz. Su nariz, capricho de dioses guaranís, se adelantaba al viento y golpeaba la red del contrario con la voracidad propia del hambre del que huyó. Su júbilo lo mostraba con sus dos brazos abiertos y los puños cerrados, como si su triunfo fuese a atrapar la gloria en sus dos manos pequeñas, y emprendía siempre una carrera que le alejaba de los amigos que le perseguían para abrazarle. Nunca lo conseguían.

Aquella mañana de domingo cruzó, señorial, el umbral del Campo de La Camisera. Hacía frío, el cielo era gris y su abrigo loden de paño marrón cubría su cuerpo, ya he dicho que moreno. Su pelo era negro y seco y brillaba casi tanto como los ojos de los niños que nos acurrucamos bajo su estampa. Firmó autógrafos, habló con todos y siguió con una mirada fija y recta las jugadas de los futbolistas del Oliver. No perdió detalle. Aquel día volví a casa y le dije a mi padre que había estado con Arrúa y le enseñé la mano que me estrechó y le mostré la firma con su nombre. Y quise ser el diez, como años antes soñé con el diez de Villa, el Magnífico. El diez, siempre el diez.

Hoy, casi cuarenta años después, Arrúa sigue siendo una imagen presente pero la Historia parece que nos quiere dejar de lado. Hoy son otros los protagonistas, otros los guerreros que palpitan sobre el escudo del león y a ellos les quiero hablar.

Le quiero hablar a Zapater, nuestro Alberto. Él es futbolista porque el cielo que cobija su corazón se lo ordenó. Es un muchacho crudo, extraído de los muchos surcos que se adormecen en las llanuras de las Cinco Villas, cuyas piernas poderosas y curvas como un meandro lánguido pronto despertaron el interés de otro aragonés que buscaba un heredero a su propia historia. Víctor Muñoz fue quien señaló al juvenil y le encomendó la misión de ser estandarte fornido, luchador inagotado, campeón en justas despiadadas.

Quiero hablarle porque sé que su fervoroso zaragocismo le lleva a mal dormir y a sentir el galope del fracaso como si fuera sólo suyo. Alberto, que cuando recibió el rayo olímpico del mister le miró con el gesto fiero y contundente, confirmó un pacto: juró a los vientos cereales que aquel condado deseado por el enemigo sería siempre, mientras sus pulmones pudiesen, el más inexpugnable de los territorios. Elaboró un recorrido pedregoso para transitarlo y logró crecer como el gigante que es, en sabiduría futbolística y en carácter de líder. Surgieron los mercaderes en media Europa y sus cantos áureos, plagados de monedas y oropeles, rozaron su vanidad. Él los rechazó, como una doncella altiva y segura del amor de su doncel, pero esta Cruzada que se llama Temporada 2008-2009 está siendo el martirio más doloroso que nunca imaginó. Y después de cada derrota, que eso es no vencer, sus lágrimas secas se deslizan por sus mejillas huesudas y polvorientas y se convierten en agua azul y blanca y el león, el que dormita en su pecho, le recuerda una y otra vez que está llamado a ser guía de un club que ya ha visto perder a demasiados caballeros en la batalla del mercado.

Le vemos sufrir en el campo y fuera de él y esa circunstancia debería ser argumento nunca ignorado para pensar que si hay un mañana zaragocista, debe estar acomodado a su futuro. A él le quiero hablar, para decirle que, tiene razón, que esto del fútbol es una montaña rusa, que hoy pisamos el fango y mañana besamos el sol. Por eso, y porque queremos que sea feliz, le pido que arranque los demonios del césped negro por el que ahora caminamos, que se crea que confiamos en él y en los zaragocistas que batallan cada fin de semana y que sepa que su sudor es como el agua de los ríos Alfeo y Peneo, que limpió de fiemo los establos del rey Augías, el mismo estiércol que ahora tapona la ilusión y la alegría del zaragocismo. Y que confíe en la afición, pues juntos hemos de recorrer el camino de regreso a casa. A Primera.

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lunes, 9 de marzo de 2009

Real Zaragoza, 2 - Hércules CF, 2

Este sacrificio servirá para abrir las aguas del mar

Escribo la entrada número 465 de mi blog con el alma empuñando el fusil de la esperanza en una mano y el rifle del tesón en la otra, más convencido que nunca de lograr el objetivo que nos hemos marcado, que hemos señalado a fuego en el calendario de nuestros suspiros, y durmiendo en la certeza que me da saber que este sendero espinoso y putrefacto que nos ha tocado recorrer estos meses es un castigo que el zaragocismo no se merece pero que de alguna manera hemos de purgar.

No vi el partido de ayer y he leído y escuchado muy poco. No creo estar disponible para respirar más aires emponzoñados ni beber aguas contaminadas por el pesimismo o la desilusión. Hay cosas muy importantes que me quitan el sueño y que no tienen nada que ver con el fútbol y por eso he optado por escribir en mi diario, que no otra cosa es un blog, que creo más que nunca en el ascenso, que creo más que nunca en la victoria frente al Alavés y que creo más que nunca en un mañana abierto y luminoso que ahora, de momento, el destino nos niega. No hay más que decir.
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domingo, 8 de marzo de 2009

Vídeo: Real Murcia, 1 - Real Zaragoza, 4


Los amigos de aupazaragoza.com nos proporcionan el vídeo del resumen del encuentro entre el Real Murcia, 1 - Real Zaragoza, 4.

martes, 3 de marzo de 2009

Real Murcia, 1 - Real Zaragoza, 4.

Ya no le dejan a uno ni dudar.

Pues eso me pasa por no estudiar. O por no saber de fútbol. O por creer en lo que no tengo que creer. En fin, que para un comentario un poco pesimista que escribe uno van estos que visten de blanco y azul y desmienten todos mis temores y me dicen, así, de una tacada, que son muy buenos y que son capaces de meterle cuatro pavas a un equipo que había ganado siete de los últimos nueve partidos jugados. Y que, además, no sólo sabe marcar goles Ewerthon, sino que hasta Ayala ha ido al vestuario a recoger sus propias cenizas y resucitar a aquel defensa que era capaz de meter goles inverosímiles elevándose por encima de las almas alicaídas de los contrarios, suspender su patagónico cuerpo varios segundos en el aire y asestarle un estremecedor cabezazo al balón para enviarlo como un misil propio de nuestro Poyet a las redes del contrario. O sea, toda una lección. ¡Pero si hasta Zapa convirtió y su gol sirvió para vencer!

El Real Zaragoza venció, venció bien y yo no lo pude ver. El único consuelo fue poder escuchar tras el partido a mi Presidente hablando por las ondas de Aragón Radio. Sus palabras, prudentes, sabias y animosas, como siempre, aportaron un gramo más de ilusión a esto del infierno, e incluso pude oirle decir que él sigue creyendo en el ascenso "aunque a veces discuta con mis peñistas". No conmigo, por cierto, que siempre he sido del Partido del Optimismo y eso me ayuda a afrontar el encuentro que el próximo domingo disputa el Real Zaragoza frente a un Hércules subido y capaz de amargarnos la tarde, sobre todo si Tote, ese gran jugador que no ha llegado a más porque esto delf útbol "es así", tiene su día. Apretemos los dientes, juntemos nuestras manos y empujemos a nuestro equipo a la victoria. Es necesaria y ya nos lo estamos empezando a merecer, ¿o qué?. Que de este camino ya comienza a vislumbrarse el final y es el que nos tiene que llevar a Primera.
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