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lunes, 8 de junio de 2009

UD Salamanca, 1 - Real Zaragoza, 3

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La alegría como estandarte

El Real Zaragoza venció (1 - 3) a la UD Salamanca en partido correspondiente a la 40ª Jornada del Cameponato Nacional de Liga de Segunda División. Los goles los consiguieron Ewerthon (2) y Jorgelópez.
El partido comenzó como lo hacen los amores juveniles. Vértigo, confusión en el enemigo, latido desaforado, sofoco en el fragoroso incendio que se produce en los cuerpos deseados...y fuego, fuego inacabable, fuego violento y apasionado que sólo el agua de las caricias puede apagar. Y en once minutos, dos goles de La Flecha, cuya punta envenenada con el curare del ascenso perforó la portería de un atónito Biel Rivas que veía cómo los alados jinetes blanquillos arrasaban los territorios fronterizos y ganaban las posiciones débilmente defendidas por sus compañeros. Dos goles y todo parecía más fácil.

Sin embargo, lo que se presentaba como un paisaje suave y accesible se tornó acantilado nórdico casi inexpugnable cuando, tras lesionarse el mejor de los nuestros, Arizmendi, el árbitro pitó un penalty en contra que nubló nuestro horizonte durante unos minutos que a todos nos parecieron interminables. Los instantes finales de la primera parte y la primera media hora de la segunda parte se parecieron demasiado a aquellos partidos en que con muy poco nos hacían gol y borraban nuestras ilsuiones.

La UD Salamanca creció tras su gol y nuestro Real Zaragoza entregó el gobierno de la batalla al contrario. Los jugadores blanquinegros acogieron con fervor la posesión del balón y trataron de jugarlo, acercándose a los dominios de Doblas con cierta gallardía y, eso sí, con digna disposición de ir a por el partido. Así y todo, diremos que este Real Zaragoza ha ganado en consistencia defensiva y, aun sabiedo que sin el balón somos más débiles, gestionó muy bien la situación, avalada su tarea por la decisión de Marcelino de cambiar a Ander Herrera por Songo'o para lograr una mayor capacidad de maniobra en los contraataques. Sin duda era una opción, pues ya se estaba demostrando ineficaz la idea de posesión, más acorde con las capacidades de Ander.

Y así llegó el tercero, en una magistral y rápida transición propiciada por Paredes, que ofreció a Jorgelópez, tras hábil amago de Ewerthon, un balón que le permitió plantarse ante Biel Rivas y ejecutar una soberbia vaselina que supuso el gol de la victoria. El delirio, las lágrimas, la rabia escupida por cada poro zaragocista se hicieron reinas del Helmántico, que comprobó el sabor del zaragocismo puro representado por esos mil leales que acompañaron durante todo el partido a nuestros jugadores.

El encuentro agonizaba, pero aún tuvo tiempo la UD Salamanca de atacar el marco zaragocista con un magnífico disparo de Isaac que repelió el poste izquierdo de la portería de Doblas. Habría sido un golazo, pero ya nada importaba. La victoria era nuestra y la felicidad, casi completa. No se logró el ascenso matemático, pues el Hércules (un día de estos hablaremos de su afición y su staff) venció agónicamente a su eterno rival (1 - 2), el Alicante, pero daba igual. Reservamos la fiesta para la Romareda el próximo sábado, pues si conseguimos vencer al Córdoba seremos equipo de Primera División. Lo mejor, sin duda, la victoria. Lo más emocionante, por supuesto, el gesto de los futbolistas de salir al terreno de juego media hora después de finalizar el encuentro para saludar a los zaragocistas que habían alentado su esfuerzo incansablemente. Como lo haremos dentro de cinco días.
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lunes, 11 de mayo de 2009

SD Huesca, 0 - Real Zargoza, 1

La llegada del tiempo azul

He vivido dos semanas alejado del césped blanco que es cada página virgen que se me ofrece para que la acaricie con unas cuantas frases que trasladen mi fervor zaragocista a los lectores de este blog. Y las he vivido alejado porque a veces los caminos del día a día nos impiden llegar a ninguna parte o porque el corazón deja de latir contra nuestra voluntad. Algo de eso ha habido.

El partido fue claro, amontonado en el deseo de los veintidós jugadores. Fue el partido más aragonés que he visto en toda mi vida, si es que un partido tiene nacionalidad, y ese aspecto se reflejó en las mandíbulas atormentadas de los jugadores, que no reblaron, que abatieron cualquier atisbo de flaqueza, que acongojaron el silencio de la tristura.

Me gustó mucho el partido, porque fue el trago que debíamos beber para seguir creciendo, para convertirnos en ese cuerpo que ya no siente el dolor, en ese torso que no se fija en las heridas, en esa espalda que ignora el peso del miedo. Fue, desde el principio, un magnífico ejemplo de pugna despiadada en la que los ataques se repartían con equidad y limpieza. La SD Huesca honró a sus seguidores y se ofreció, generosa, al intercambio de golpes, ávida de gloria, deseosa de escribir una página que sus hijos recuerden con la sonrisa complacida de ver muerto al hermano del sur. Afrontó con gallardía el enfrentamiento y así pudimos saborear el aroma de esas flores que ya empiezan a nacer en las veredas de nuestro camino, pues el Real Zaragoza aceptó la propuesta y allá que se fue con todas sus fuerzas.

Si hubo ocasiones esas fueron para el equipo zaragocista, que se acercó con disciplinada pasión al área de Miguel. La SD Huesca, también, aportó su metálica idea de fútbol abierto y progresivo, moderno, para acuciar la portería de Doblas. Fue en una de esas oleadas cuando vimos cómo el pecho de Pavón engañaba a la vista y nos hacía temblar con la posibilidad de un penalty que, afortundamente, no pitó el colegiado. Así, se llegó al descanso.

Cuando los gladiadores regresaron al terreno de juego pudimos comprobar que el Real Zaragoza cuenta entre sus filas con varios jugadores muy capaces y, sobre todo, decididos. Me recordaron a esos acantilados a los que la fatalidad golpea en forma de olas amargadas pero ante las que jamás dobla su mirada. Y tanto es así que Gabi logró, en seguida, un cabezazo envenenado que el larguero escupió con cierta chulería. No le sirvió de nada. A los pocos minutos Ander cogió el balón, se lo quedó, lo escondió, lo mostró, lo condujo y le dijo a Miguel por dónde se lo iba a poner. Y allí fue y allí murió el gol verdoso que nos daría la victoria. El Real Zaragoza se mostraba grande, enorme, inalcanzable para los futbolistas oscenses, quienes, como héroes arañados por la voluntada divina, se fueron apagando, difuminando.

Y llegó el segundo gol, ese gol que desde hace unas jornadas el Real Zaragoza marca pero que los árbitros, en silencioso contubernio, se niegan a concedernos. Será porque no lo merecemos, será porque debemos congelar nuestro júbilo hasta que el Dios al que le debemos la vida oculte la negrura delinfierno y nos conceda la luz que alguien nos debe. Sea por la razón que sea, ese gol, el segundo, el que logró Alberto Zapater de magistral falta, no subió al cielo, no subió a las estrellas. Y nos apagamos un poco.

O la SD Huesca volvió a la vida después de la expulsión de Edu Roldán. Fue entonces cuando se vivieron esos momentos en los que el murmullo del pánico se acomoda en nuestras gargantas y tememos que los labios se nos sequen y las manos no puedan apartar el aire relto de mosquitos infectados de infortunio. Afortunadamente esos momentos hacen grande a Toni Doblas, como ya lo ha demostrado en varias ocasiones, y este sábado volvió a suceder: el arquero andaluz secó un endiablado chut de Rubén Castro y mantuvo su portería a cero. Cero por cero, cero. O sea, con un par.

Y fin. Me emocionó ver la rabia con la que los jugadores zaragocistas celebraron la victoria y la compartieron con los seguidores del león. Me emocionó y me dio fuerzas para soportar el vendaval de roja sangre que vamos a necesitar para afrontar las seis encarnizadas batallas que nos esperan. Sigo confiando en ti, amado equipo.
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domingo, 15 de marzo de 2009

Deportivo Alavés, 2 - Real Zaragoza, 2 (crónica)


Fue una primavera

El Alavés y el Real Zaragoza empataron ayer 2 - 2 en partido correspondiente a la 28ª jornada del Campeonato Nacional de liga de 2ª División. Los goles fueron logrados por Ewerthon y Arizmendi.

Vaya por delante que soy de los que creen que partidos así refuerzan al grupo y, lo que es más importante, marcan una senda que debe ser recorrida. Si bien es cierto que el Real Zaragoza llegó a estar Knock Out, también es cierto que desde hace algunas semanas está demostrando que sabe reponerse de los duros golpes que la vida le propina cada semana.

La Primera Parte estuvo gobernada por nuestro equipo, que en todo momento dio sensación de lograr uno o dos goles que definieran el choque. No fue así, y eso, como siempre, como toda la vida de Dios, se paga. El remate de cabeza de Caffa y su estupendo chut a la escuadra deberían haber sido suficientes para marcar una muesca en nuestro revólver y volvernos a casa con tres puntos. Sin embargo llegó el fatídico minuto 45 de cada partido. En ese instante siempre sucede lo mismo: hay un lance absurdo, si es que hay lances absurdos en esto del fútbol, y recibimos un gol que demolió la ya de por sí débil autoestima de los nuestros. Una jugada tan mal defendida que nos obliga a pensar que, sin lugar a dudas, el peor de los males del equipo se llama "Defensa". Un gol en esos instantes es como la carcoma, es como un ejército de termitas en un mueble desvencijado: el serrín de nuestro ánimo empezó a desparramarse por el césped de Mendizorroza y el comienzo de la Segunda Parte, y toda ella fue un suplicio. Y no hay otra causa que la anímica. Este equipo se deshace como un azucarillo ante ciertas adversidades, aunque también es verdad que, por otra parte, reccupera el resuello cuando menos te lo esperas y es capaz de darle la vuelta al partido, logrando un punto que anima a seguir empujando.

Hubo una circunstancia que para mí marcó el desenlace: cuando el Real Zaragoza se echa al monte, se cree quién es y planta sus reales en el campo, los equipos contrarios se arrugan, y eso ocurrió ayer en los últimos quince minutos. Si el partido dura un poco más, ganamos. Pero esa sensación hay que darla desde el primer minuto, y esa sensación se logra dándole velocidad al juego, ejecutando con brío las acciones, tomando el mando de la situación con dos bemoles, entrando a los balones con la energía que da saber que eres el mejor y golpeándole en la mandíbula (literariamente hablando) al contrario en cada lance del partido. ¿Que nos gritan? Ya se callarán. ¿Que nos abuchean? Es que nos tienen miedo. ¿Que presionan al árbitro? Hum, no les quedan demasiados argumentos. Y así hasta el final.

La salida de Ander Herrera fue muy importante. Su ubicación entre líneas es un argumento futbolístico de primer orden y el ritmo que le dio al partido fue el aspecto más favorable para nuestros intereses. Y la fe de Arizmendi, que desde el primer minuto, y lleva así ya varios partidos, creyó en él y en la victoria. Todo ello, unido al estado de gracia de Ewerthon, que siempre, siempre, siempre está ahí, me lleva a sugerir convencido que hay qu efichar, sí, pero hay que fichar un central. No hay necesidad de fichar un delantero pues este equipo, bien armado en el centro y atrás, tiene tantos aergumentos ofensivos que no habría ni que discurrir para ganar un partido. ¿O alguien duda que con un 0 - 0 en el descanso este partido no habría caído de nuestro lado? Y otra cosa más: cuando Goni surgió de las tinieblas y alumbró nuestro firmamento con sus actuaciones, el zaragocismo respiró tranquilo y fue cuando comenzó a hablase con convencimiento de la seguridad en el ascenso. Esto es así y lo creo firmemente. ¿O hay algún equipo en el mundo que gane los partuidos siendo, al mismo tiempo, un desastre defensivo? Este equipo, desde luego, lo es. Desastre defensivo, I mean.

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