martes, 26 de mayo de 2009

Alicante, 0 - Real Zaragoza, 3

Quiero beberme todos tus sueños

El Real Zaragoza derrotó (0 - 3) al Alicante en partido correspondiente a la 38ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de Segunda Divisón celebrado en el Estadio José Rico Pérez. Los goles fueron logrados por Gabi (p) y Ewerthon, en dos ocasiones.

La tarde comenzó con ese ligero temblor en el alma que nos acompaña desde el pasado 18 de Mayo de 2008, trágica tarde que el zaragocismo recuerda estremecido por la angustia de la miseria anunciada y que rescatamos de nuestra memoria aún herida el pasado lunes al cumplirse un año. Temblor tenue, pero temblor al fin, sensación capaz de enmudecer los cánticos que con una timidez osada se asoman a nuestras gargantas por necesidad de respirar, por valor de romperle la cara al pasado y abrazar, enfurecidos de deseos de gloria, ese futuro que poco a poco nos hace llegar mensajes de pasión prometida y placeres de tormenta roja. Temblor que se desvaneció, por cierto, a los pocos minutos de arrancar la batalla, a los pocos minutos de arrojar al aire levantino nuestros primeros gritos de conquista, pues esa tarde sólo cabía ella: la Victoria.

Fue un partido con una sola melodía, una sola letra, un solo intérprete: el Real Zaragoza, creído de sí mismo, poseído de sí mismo, convencido de sí mismo. Arrebatado por las olas que la tierra quemada nos traía, cada zancada de sus jugadores, cada regate de sus jugadores, cada aliento de sus jugadores olía a golpe sin retorno, a chasquido de la espada forjada en la fragua del Vulcano mejor dispuesto, en el fuego mejor avivado y eso, amigo lector, produce un placer infinito en estas manos cansadas de escribir líneas apagadas y buscar palabras sin letras. Son tantas las tardes en que me he retirado a mi tienda de campaña vencido por el peso de las lágrimas que el sábado pasado creí poder abrazar el torso del Aquiles invicto. Y soñé.

Llegó el primer gol y rompí la rabia contenida tras tantas humillaciones y cuando Ewerthon abrió las tripas del enemigo por dos veces sujeté con fuerza la voz que pugnaba por salir de mi garganta y me dormí. Y no quiero que nadie me despierte de este sueño, ni siquiera para decirme que el Hércules ha empatado, ni siquiera para anunciarme que el Xerez cayó a orillas del Mediterráneo, ni siquiera para relatarme la surrealista derrota del Rayo. Quiero dormir y quiero seguir soñando y sólo despertar cuando las llanuras de la Primera División retumben bajo los pies de una afición maltratada por tanto engaño, tanta trampa, tanto vacío en los mensajes. Sólo quiero despertar cuando ya nadie nos pueda arrebatar la sonrisa.
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